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Las venas abiertas del fútbol venezolano

Redacción @Futbolestodo
Hace 2 años

Eduardo-GaleanoUn uruguayo que aunque nació gritando gol, tuvo más destrezas con la narrativa en papel que con el balón en los pies. Eduardo Galeano siempre será recordado por su retórica, su visión humanista de la sociedad latinoamericana, pero en especial, por la forma en que hablaba del fútbol, y con más amor si era el sudamericano.

Galeano nació en Montevideo diez años después de que esa misma ciudad viera a la selección charrúa coronarse como los primeros campeones del mundo, quizás de allí proviene ese cariño empedernido por el balompié. Desde temprana edad, Eduardo mostró interés por darle patadas al balón, pero no fue muy diestro, ya que como él mismo afirmó en su libro El fútbol a sol y sombra y otros escritos, “…fui un ‘pata dura’ terrible. La pelota y yo nunca pudimos entendernos, fue un caso de amor no correspondido”.

Con las puertas del profesionalismo futbolístico cerradas, se dedicó a diferentes ocupaciones, muchas distantes entre otras, hasta que poco a poco se acercó a la sombra del arte, llegando a ser pintor y, a los 14 años, vender su primera obra al semanario El Sol. Su carrera de vida empezaba a tomar forma.

Pocos años después coincidió en el semanario Marcha con el escritor y poeta Mario Benedetti, con quien además compartió el amor por el Club Nacional de Montevideo. El Rey de Copas fue muchas veces protagonista de la pasión hecha lírica por Galeano.

Para él siempre el fútbol fue más que solo un deporte, lo llegó a comparar con Dios, afirmando que tienen la misma devoción de muchos creyentes, pero a la vez la desconfianza de intelectuales. Prefirió no darle mayor importancia a los eruditos para enfocarse en los hinchas, a quienes les dedicó un fragmento en su libro antes mencionado: “Una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio. (…) En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos, exhibe a sus divinidades. (…) Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos”.

La venas del FutVE: Que cerca de la realidad actual, aunque desafortunada, estuvo cuando escribió que el fanático está en “estado de epilepsia” durante el partido, lo mira pero no lo ve, y la sola “existencia del hincha del otro club constituye una provocación inadmisible”. Ya sabremos nosotros en Venezuela los problemas que ha dejado los enfrentamientos entre los que hacen llamas fanáticos, que han dejado a su paso daños materiales, heridas graves y hasta fallecidos. Lamentables episodios se han vivido en nuestro balompié a causa de unos ideales sin control. Los clubes apoyan el #FutVEsinViolencia en una red social, pero hay que hacer más, mucho más.

Eduardo-Galeano2Sin dudas, no hay escenario más bonito que un estadio a reventar, abarrotado de personas hipnotizadas por la geometría imaginaria que construye la esférica. A estos templos, Galeano le dedicó un texto nostálgico. En Wembley suena todavía el griterío del Mundial del 66, que ganó Inglaterra, pero aguzando el oído puede usted escuchar gemidos que vienen del 53, cuando los húngaros golearon ala selección inglesa. El Estadio Centenario, de Montevideo, suspira de nostalgia por las glorias del fútbol uruguayo. Maracaná sigue llorando la derrota brasileña en el Mundial del 50. En La Bombonera, de Buenos Aires, trepidan tambores de hace medio siglo. Desde las profundidades del estadio Azteca, resuenan los ecos de los cánticos ceremoniales del antiguo juego mexicano de pelota.  (…) En Milán, el fantasma de Giuseppe Meazza mete goles que hacen vibrar al estadio que lleva su nombre. La final del Mundial del 74, que ganó Alemania, se juega día tras día y noche tras noche en el Estadio Olímpico de Múnich”.

La venas del FutVE: Pero nos volvemos a detener y es imposible compararlo con nuestra realidad, nuestros “templos” lucen desolados, tanto que el espectador puede fácilmente escuchar los gritos de jugadores y hasta indicaciones de los entrenadores. Ya decía Galeano, y con mucha razón: “¿Ha entrado usted, alguna vez, a un estadio vacío? Haga la prueba. Párese en medio de la cancha y escuche. No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie”. Aunque aún no en totalidad, paradójicamente nuestros estadios están llenos de vacíos.

Eduardo-Galeano3Además del balón, el gran protagonista de este deporte es el futbolista, el vitoreado y maldecido según sea el resultado del partido. Puede usted, señor lector, no creer, pero el futbolista es también una persona de carne y hueso, que empezó pateando la pelota en una cancha de tierra y que ahora se codea con otros, para muchos, semi dioses en los estadios más espectaculares del mundo. Sobre esta divergencia se enfocó Galeano cuando afirmó que al futbolista “se ha salvado de la fábrica o de la oficina, le pagan por divertirse, se sacó la lotería. Y aunque tenga que sudar como una regadera, sin derecho a cansarse ni a equivocarse, él sale en los diarios y en la tele, las radios dicen su nombre, las mujeres suspiran por él y los niños quieren imitarlo. Pero él, que había empezado jugando por el placer de jugar, en las calles de tierra de los suburbios, ahora juega en los estadios por el deber de trabajar y tiene la obligación de ganar o ganar. Los empresarios lo compran, lo venden, lo prestan; y él se deja llevar a cambio de la promesa de más fama y más dinero”.

La venas del FutVE: Cuanto más éxito tiene, más se “agranda”. Si hace un gol importante en Libertadores o firma por un club de media tabla en una liga europea importante, ya se jactan de exigir titularidad en la selección, de exigir cobrar en dólares cuando vuelven a su país. Este es el futbolista venezolano, uno que ha perdido la humildad y se siente capaz de comportarse como campeón del mundo cuando aún no ha clasificado al Mundial. Que lejos estamos aún. “A un lado lo esperan los cielos de la gloria; al otro, los abismos de la ruina”. Nuestros jugadores se están acercando a la ruina por no valorar cada escalón que apaciguadamente van subiendo hasta la gloria.

Eduardo-Galeano5Para quien escribe, la mejor definición sobre una situación de partido fue cuando Eduardo Galeano describió un partido sin goles: 0 a 0, dos bocas abiertas, dos bostezos. Ahora, los once jugadores se pasan todo el partido colgados del travesaño, dedicados a evitar los goles y sin tiempo para hacerlos”.

La venas del FutVE: Acá hago un inciso, no diré que el FutVE carece de goles, porque los hay, y muchos bien bonitos, pero cito a Galeano para decir la poca pasión que últimamente se vive en cada anotación, el “por qué” será tema de discusión para otro momento, pero en esta oportunidad es bueno recordar que “El gol, aunque sea un golcito, resulta siempre gooooooooooooooooooooooool en la garganta de los relatores de radio, un do de pecho capaz de dejar a Caruso (tenor italiano con una voz extraordinaria) mudo para siempre”.

Hoy, cumplido un año de una pérdida imborrable, homenajeamos al gran Eduardo Galeano. Descanse en paz, maestro.

“En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”.

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