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Me acerco principalmente para comunicar que nos vamos del club. Ninguna duda de que el que venga va a encontrar un buen material y de que va a salir adelante. Principalmente porque nosotros vimos que está muy difícil y el que venga va a tener más fuerza que nosotros. Con un ímpetu nuevo, se van a renovar los aires y va a motivar como para sacar la situación de River, que es injusta o justa debido al rendimiento y que River no merece por historia… Al no cumplirse los resultados, los objetivos deportivos, nosotros preferimos dar un paso al costado y que venga otro. Agradecimiento a los jugadores, a los que nos dieron la posibilidad de trabajar y a la gente que ha alentado, por lo menos desde que estamos nosotros, sin parar. Así que bueno, buenas noches y hasta luego”.
El sol todavía iluminaba la nave del Nuevo Gasómetro, pero a Néstor Gorosito ya se le había venido la noche hacía rato. Llevaba 74 segundos de monólogo. Una despedida que él mismo había filtrado en los medios el viernes y que el sábado, había confirmado ante jugadores y dirigentes. Llevaba 272 días de contradicciones, de sueños, ganas y frustraciones. Por eso lo único en que pensaba era en irse, en cerrar la historia. Por eso, también, no aceptó preguntas. Habló sin mirar, contó sin ver. Ausente. Como estuvo durante sus últimos 90 y pico de minutos como técnico de River. Ignorado por los hinchas (los suyos y los de San Lorenzo), sin fuerzas siquiera para arrimarse a la línea de cal. Apenas si levantó el traste durante los primeros 45 minutos cuando Villagra entró por Orbán. Después, nada. Recluido, golpeado, afuera de todo. Incluso, de las polémicas.
“No da para más. No tengo fuerza”, les había dicho a sus jugadores durante la última concentración. Y no les mintió. La derrota sirve de prueba. No tenía sentido seguir. Ni intentarlo. Ante un Simeone que movía a su equipo y metía variantes para ganar el partido, Pipo no reaccionó. No aseguró el 1-0, no buscó asegurar el match desde el banco y siguió dándoles razones a los que le pedían que se llevara a Fabbiani.
Cuando la noche llegó al Bajo Flores y el micro con el plantel partió hacia Núñez, Gorosito estaba en su 4×4 rumbo a casa. Solo. Tampoco sorprendió.

