Por Carlos Domingues / @CDominguesP
Foto: Liderendeportes.com
Vienen Colombia y Ecuador. Dos rivales no encopetados, pero son de los que atraen, sobre todo porque son ellos con quienes vamos a competir, bien sea en Copa América o rumbo a Brasil 2014. Pero me llama la atención (no me preocupa, porque sé que Farías lo tiene en cuenta) la ausencia de quien, para mi, es el mejor jugador en la actualidad del fútbol venezolano. No juega la Bundesliga, ni tampoco la MLS. Lo hace en un equipo al que solo ven unos 400 espectadores cuando lo hace de local. Se trata de Yohandry Orozco. ¿Puedo ponerle un apodo? Se me ocurre “la perla”.
Yohandry apenas sale de la adolescencia. En marzo cumplió 19 años y ya escuchó el “Gloria al Bravo Pueblo” en un mundial de fútbol. Es indiscutible en Zulia. Ha disputado torneos internacionales amistosos con su selección y clubes (L’Alcudia, por ejemplo), ha marcado goles con la selección absoluta y al momento, escolta a Edder Farías en la tabla de artilleros del naciente Apertura. Eso por mencionar sus logros ya que si hablamos de su talento, una columna nos queda cortita.
Orozco tiene lo que muchos futbolistas venezolanos, en años, no han podido combinar: virtuosismo, exquisitez y gol. Quizá Stalin Rivas haya sido el último, pero el guayanés no tenía la velocidad y el cambio de ritmo que presume el 15 de Zulia. Se ajusta a cualquier esquema: cayendo sobre los costados en la zona de volantes, con libertad de movimientos y hasta haciendo de segunda punta, Orozco siempre rinde. ¡Hasta de lateral lo puso Cochesa! Y ese “siempre” habría que escribirlo en mayúsculas porque es muy raro que Yohandry no destaque en cada partido, sin importar el rival que tenga enfrente.
Es veloz. Le pega muy bien a la pelota parada. La pierna zurda es su carta de presentación, pero se defiende bien con la diestra. Es muy inteligente y colectivo: en la goleada ante El Vigía fue protagonista en todos los goles del equipo. No es egoísta: no en vano es de los mejores habilitadores de la Primera División. Su menuda condición física la complementa con un derroche de agilidad, perspicacia y explosividad impresionante. Con apenas 19 años, está fuera de lote. Es la “perla” que conserva celosamente el fútbol zuliano. Si estuviera en Caracas o Táchira los medios indiscutiblemente lo convertiríamos en el crack de todos los tiempos.
Pero Yohandry no ha sido bien asesorado. Su padre hace de agente y lo puso en conflicto con el UAM en un par de oportunidades, hasta forzar su salida de la peor manera. Todo ello porque tiene un sueño: jugar en Europa. Su talento le da opciones de sobra para cruzar el charco y asentarse en el viejo continente, pero necesita concentrarse, madurar mentalmente para alcanzar las cuotas que sus ídolos Zinedine Zidane y Juan Arango han dejado muy en alto.
En tanto, Venezuela puede confiar que un referente viene en camino. Que el ídolo ya está subiendo al Olímpo para que todos le veneremos. ¿Lo estoy inflando con ello? Puede ser. Pero en 20 años que tengo yendo a las canchas, nunca vi un jugador tan completo como él, alguien que me haya deslumbrado como lo hace Orozco. Estoy convencido que nuestro campeonato le va a quedar pequeño y que triunfará lejos de nuestras tierras. De momento, me basta con leer las reseñas de sus genialidades, ver los resúmenes de sus partidos y verlo de nuevo portando nuestra Vinotinto.


