Gustavo De Almeida (@Gdealmeida)
Que difícil y que hermoso es el día a día para los que respiramos el fútbol nacional, vivimos grandes momentos de alegría y orgullo, y horribles días de tristeza e indignación. Es una constante montaña rusa que se asemeja en plenitud a la vida misma. Jugadores, técnicos, directivas, hinchas y hasta el vendedor de cotufas sufrimos día a día de cambios brutales en el ánimo que esta disciplina nos brinda dentro de nuestras fronteras.
Cuando me lo preguntan, no dudo en contestar, el fútbol venezolano es el más emocionante del mundo. Pero estas emociones no siempre son positivas, en los partidos podemos pasar de estar eufóricos por asistencias de más de 40.000 personas a estar indignados porque el encuentro se ve demorado ya que los equipos tienen shorts del mismo color y ninguno quiere ceder para el bien común. Si no es la directiva, son los jugadores y si no son los jugadores son unos cuantos violentos que se cuelan entre los miles de hinchas que solo quieren disfrutar de buen fútbol y alentar a su equipo los 90 minutos.
Tres pasos hacia adelante y dos hacia atrás, así vamos en este constante crecimiento del balompié nacional, que camina al mismo andar que un bebé en sus primeros pasos. Tropezando con distintos obstáculos y levantándose utilizando diferentes medios, muchas veces he tenido que escuchar como despotrican nuestro torneo y no es de extrañar porque también hay quien lo hace con el propio país. Hay quienes prefieren tener en sus manos un producto acabado a dedicar años de esfuerzo para lograr un buen producto hecho con sus propias manos.
Nuestro fútbol nos lleva de la vida a la muerte en poco más de 90 minutos, son constantes piedras que nos encontramos en este largo camino sin final. Si ya de por si el deporte no es apto para cardíacos, cuando se le suman dificultades de todo tipo se vuelve algo solo para valientes.
El fútbol venezolano ha provocado muchas lágrimas y bastantes sonrisas, el fútbol de nuestro país es de los pocos donde se puede decir que cualquier triunfo es un logro de todos y cada uno de los que aportamos nuestro granito de arena. Desde quienes nos encargamos de informar día a día sobre esto, hasta los hinchas que sacrifican horas de sueño para viajar a distintas partes del país junto a sus equipos.
Al balompié nacional le falta mucho aún, la Vinotinto está varios escalones más arriba que el torneo local y se cuela ya entre los primeros puestos continentales. Para la Vinotinto todo parece listo para disputar el primer mundial de fútbol en la historia de nuestro país, solo falta continuar con el trabajo que se ha venido haciendo. Por su parte, la primera división no presenta la misma cara y el desinterés de los federativos resulta increíble.
Si los directivos crecieran al mismo paso que crece la pasión por el deporte rey en Venezuela, la historia sería otra. Mientras esperamos a quienes se encargan de los equipos, toca seguir levantando este torneo entre todos nosotros y aceptando que cada quien tiene un rol importantísimo dentro del mismo; jugadores, hinchas y periodistas, diferentes métodos pero el mismo objetivo, el crecimiento de nuestro fútbol.
¡Felicidades a la gente del estado Lara!

