
Foto Archivo: Colombia.com
Carlos Domingues – @CDominguesP
Ganador nato, sí. Hace tiempo que dejó de ser solamente el hermano del finado Andrés Escobar. Santiago fue formado en la inagotable cantera de Atlético Nacional. Su base filosófica parte del fútbol total que impartía Miguel Ángel López, el conocido “zurdo”, aquel cordobés que integró la máquina pincharrata de Estudiantes en los sesenta y que paseó por Colombia a comienzo de los ochenta impartiendo sus conocimientos sobre cómo armar un equipo campeón partiendo del orden defensivo.
El fútbol, para Sachi, lo es todo. Es la forma de sentirse así, vivo. Todo gira en torno a un balón. Ha alcanzado triunfos, títulos y glorias, pero también ha sufrido derrotas, destierros y fracasos. El técnico antioqueño se maneja en el vaivén de un carrito de montaña rusa.
Estudiantes de Mérida fue la plataforma para demostrar, en su debut como DT de un primer equipo, que toda la escuela de “zurdo” López y JJ Peláez le servía para recoger frutos inmediatos. Con una buena nómina, sacó al equipo académico campeón.
Su obsesión fue siempre dirigir a Atlético Nacional. Luego de ser asistente de Luis Fernando Suárez, el título con Estudiantes no le cerró esa ambición y decidió regresar al cuadro verdolaga como asistente técnico, hasta que en 2005 tomó las riendas del primer equipo y lo sacó campeón del Apertura colombiano.
De ahí en adelante, una carrera irregular: metió al sorprendente Pasto en cuadrangulares del torneo cafetero y volvió a sacar a Nacional campeón, fue subcampeón con DIM y al otro año quedó último. Con Junior casi se va a la segunda división. Altos y bajos, unos tras otros.
La irregularidad: característica de un hombre igual de capaz para alcanzar títulos como vivir al límite del despido por sus resultados deportivos. Su reciente desvinculación de Nacional partió de una contrariedad: una excelente campaña en Libertadores con un equipo armado a punta de chequera, y una pésima marcha en el torneo local que lo dejó fuera del octogonal final.
El cartel de Sachi Escobar atrajo a los directivos de Táchira. Sus títulos y su capacidad de trabajo son el aval máximo de un técnico que se enfrentó a una directiva por la indisciplina de un jugador (Dayro Moreno en Once Caldas, año 2007). El gran 2011 y la exhibición de Nacional bajo su mando en Libertadores le ha colocado el cartel de “interesante” en otros potentes equipos del continente. Conoce el fútbol venezolano tras su paso por Estudiantes, por ende, conoce lo importante que es Táchira en éste balompié.
Pero también trae un cúmulo de derrotas y fracasos encima. Esa mancha curricular debe hacerlo más “terrenal” para quienes encuentran en él al mesías que hará despertar a la bestia aurinegra de una vez por todas. Estar al frente de instituciones como Bolívar, Atlético Nacional, Medellín y Junior no lo hace inmune a la agobiante asfixia de la presión del entorno atigrado.
Que no sorprenda nada a quien tiene expectativas elevadas.

