
Ignacio Benedetti
1) Ante la ausencia de respuestas en situaciones defensivas, hay quienes piden “más músculo” o “más lucha”, todas expresiones sin sentido que buscan olvidar que, jugando a la pelota, el talento supera las exhibiciones típicas del juego brusco.
Esta semana, en “plena pretemporada”, Alejando Guerra dió muestra de ello con un golazo que significó la primera victoria como visitante de un equipo venezolano en la Copa Sudamericana. Talento y voluntad fueron las armas de “Lobo” ante cada alcabala colombiana que obstaculizaba el camino al gol. Mineros jugó un buen partido, supo defenderse sin meterse en su propia área, y más allá de supuestas líneas de 4 -cómo si esto fuese futbolín y los jugadores no se movieran- entendió que no podía regalar espacios y pelota al rival.
2) Recuerdos inmediatos: Noel Sanvicente toma el mando del Real Esppor en 2.010. Inicia la pretemporada semanas antes que cualquier equipo y termina empatado en el primer lugar con Táchira, perdiendo el campeonato por un gol de diferencia. Otro: Eduardo Saragó asume en Lara para el apetrura 2.011 e inicia los entrenamientos primero que todos sus rivales. ¿El resultado? Campeón absoluto. Comenzar primero no garantiza resultados -hay que tener muchas herramientas más para pelear un título- pero ese prematuro estreno permite evitar lo que en estos tiempos se constituye como la excusa preferida ante la derrota: “estamos en plena pretemporada”.
Caracas jugó un buen partido ante Málaga; Táchira dió señales positivas en su estreno ante Barcelona de Guayaquil; Mineros ganó en un torneo internacional. Todos, sin excepción alguna, están en fase de preparación, pero ante el resultado adverso, es Monagas quien nos recuerda que “ellos están en plena pretemporada”. Me pregunto si, de haber sido diferente el resultado, hubiesen tenido el mismo discurso.
3) El resultado es impostor y sugiere la ausencia del análisis profundo. La derrota del CD Lara viene influenciada, si usted desea, por aquello que llaman “fativa cognitiva”. Este concepto es explicado por Rui Faría, preparador físico y mano derecha de José Mourinho, de la siguiente manera: “Cuando hablamos de intensidad, hablamos de intensidad de concentración, porque jugar es fundamentalmente pensar y pensar exige concentración. Y si hablamos de un juego de calidad, hablamos de pensar teniendo en cuenta un referente colectivo -determinados principios de juego- y eso exige aún más concentración. No es por eso de extrañar que la fatiga táctica (cognitiva) surja antes que la fatiga física”.
Bajo este concepto, validado por un sinfín de entrenadores y especialistas, ¿cómo exigirle a un grupo su mayor esfuerzo cuando en sus vacaciones no cobraron y su proceso de desconexión nunca fue tal ante la presencia de rumores que aseguraban la desaparición de su empleador? ¿Descansa un atleta ante tanta inseguridad? ¿Afronta una pretemporada con la normal motivación? ¿Puede el cuerpo técnico exigirle el máximo a los jugadores ante tal situación? Son algunas dudas que no tratan de justificar un resultado pero que si deben obligarnos a entender que el jugador no es una máquina sino un ser humano con las mismas preocupaciones, dudas e inseguridades que cualquier trabajador.
Al ser humano hay que analizarlo no sólo como un ser individual sino a través de todas sus relaciones, siendo éstas parte de él y él parte de ellas. El valor de esto es principal y no secundario, por ende, todo lo que suceda condiciona lo que después se ve en la cancha: desde una discusión doméstica hasta tener 3 meses sin recibir compensación por el trabajo realizado.
Es sólo el incio de una temporada que promete entregar miles de situaciones más para el análisis y la sospecha. Sospecha entendida como alimento para la curiosidad necesaria para no quedarnos nunca con lo que sugieren partes interesadas y así formarnos nuestras opiniones propias.
Es eso, sólo un nuevo comienzo…

